Las cualidades son numerosas, pues tal como las acciones que el hombre realiza en este mundo, así existen cualidades que lo inclinan hacia ellas. Y así como hablamos de los preceptos en los que es más necesario purificarse, o sea donde se tropieza con más frecuencia, así desarrollaremos las principales cualidades en análisis más extenso, al sernos más familiares, y ellas son: La soberbia, el enojo, la envidia y el deseo.
Todas estas cualidades nocivas cuyo perjuicio es notorio y público no hace falta demostrarlo, pues son perniciosas de por sí y malos son sus resultados y las rechazan el raciocinio y la inteligencia, y cada una por sí misma pueden conducir al hombre a las transgresiones más graves. Sobre el orgullo todo un versículo nos advierte y dice: “Alzarás tu corazón y te olvidarás del Señor tu Dios” (Deuter. 8).

