Asimismo existen otros orgullosos cuya soberbia queda sepultada en su corazón, sin ponerla en práctica, pero considerarán en su corazón que son grandes sabios, conocedores de la verdad y no hay muchos como ellos. Por lo tanto no prestarán atención a lo que expresa su prójimo pues piensan que lo que a ellos se le dificulta no será sencillo para los demás, y lo que su raciocinio indica como claro y simple ya no considerarán a quien les discuta sea los primeros rabinos o contemporáneos y no guardarán ninguna duda sobre su razonamiento.
Todas estas manifestaciones del orgullo retrogradan a los sabios y su mente se entorpece, aparta su corazón de los capítulos de la sabiduría y aún más en los discípulos no experimentados que apenas abren sus ojos y ya se consideran como grandes sabios, sobre todos está dicho: “Aborrece el Señor la altivez del corazón” (Prov. 16).

