Solo Jacob, nuestro padre, amerito alcanzar dicho nivel (el mismo en que se hallan los ángeles) cuando estaba abandonando este mundo y todos sus hijos se hallaban a su alrededor, descendencia sagrada entre la que no se hallaba ninguna ineptitud y quienes se enorgullecieron declarando la Unicidad de Dios ante su padre y entonces dijeron el ver. «Shema’ Israel». Y a ellos les respondió su anciano padre (en el lecho de muerte): «Bendito Sea el Nombre…» (Baruj Shem Quevod Maljuto…). Por lo tanto, resulta evidente que por nuestra parte no somos aptos para expresar esta alabanza.
Sin embargo, en cierto grado recibimos de nuestro ancestro, el patriarca Jacob, este derecho y por lo tanto recitamos dicho vers, diariamente; empero lo pronunciamos en susurro, a excepción del día de Kipur en que adoptamos la categoría de ángeles y por lo tanto podemos pronunciarlo en voz alta.

