Fíjate ahora, quién podría existir si el Santo, Bendito Sea, actuaría con él de acuerdo a la ley, y el rey David implora diciendo: “No traigas a juicio a tu esclavo, pues ninguna criatura será justo ante Ti” (Salmos 143), pero el que realiza el bien recibe el bien. Y de la manera en que incremente en realizarlo así aumentará en recibir.
Y David se vanagloriaba en esta virtud pues aun a sus enemigos trataba de beneficiar, como está dicho: “Y yo en su enfermedad me vestí arpilleras, afligí mi alma con el ayuno” (Id.). Y dice: “Si recompense mal a mis aliados…”.
Se incluye dentro de estas normas, el no causar ninguna aflicción a criatura alguna aun los animales sobre los que se debe apiadar. Como está dicho: “Vela el justo por las necesidades de su bestia” (Prov. 12). E incluso hay quien sostiene que la crueldad con los animales es una prohibición de la Torá (Shabat 128), pero de todas formas lo está por Nuestros Sabios.
Todo esto significa que la misericordia y la benevolencia deben estar impresas en el corazón del devoto definitivamente, y será su continuo esfuerzo satisfacer a las personas y no provocarles ningún sufrimiento.

