¿A qué se asemeja esto?, a un padre que no estima más que a las personas, que amen a sus hijos con un amor real, como lo atestigua la propia naturaleza. Y es lo que dijeron sobre el Supremo Sacerdote: “Que debían pedir clemencia por su generación y no lo hicieron” (Tr. Macot II), y así dijeron: “Un león devoró un hombre a tres millas de donde vivía Rabí Ieoshua ben Levi, y no se le apareció Elihau durante tres días” (Id.). Ha aquí el deber que pesa sobre los devotos de clamar y preocuparse por sus contemporáneos. Hasta aquí hemos desarrollado los elementos fundamentales de la devoción. Los detalles están entregados al raciocinio y la pureza del corazón de cada quien, para conducirse en ellos hacia el camino de la rectitud de acuerdo con estos principios y cada cosa a su tiempo.

