A este tipo de profetas pertenecían los profetas del Ba’al y de la Ashera, quienes se esforzaban por apegarse a las Fuerzas de la impureza y lograban ciertos conocimientos sobrenaturales por medio de los cuales persuadían a sus prosélitos. También lograban, utilizando estas fuerzas, realizar ciertos prodigios destinados a corroborar su profecía, como ya lo citamos.
Sin embargo, ellos mismos eran conscientes de que dicho poder lo obtenían en las fuerzas de la impureza y no se consideraban a si mismos profetas verdaderos, sino que actuaban De Esa forma intencional y corrupta.
Incluso a aquellos que no los habían buscado podían ocurrirle dichos eventos erróneos, como ya lo citamos. Por ello, debían los discípulos recurrir a un profeta experto, como ya lo aclaramos, quien debía guiarlos por los senderos de la profecía y evitarles los errores.
Todo esto es aplicable hasta que el hombre alcance el verdadero nivel de la profecía; sin embargo, tras haber alcanzado dicho estrato, podrá reconocer la verdadera profecía y distinguirá la influencia Divina real de aquella espuria y ya será imposible que debite en absoluto.

