Hay otros que no sufren ni les duele tanto, pero aun así sienten alguna tristeza o por lo menos les disgustara ver que alguien alcanza una posición encumbrada, si no se encuentran entre sus amigos más dilectos, y más y más hacia aquellos que no los une un gran efecto, y más aún hacia un extraño.
Y observa que, aunque en su boca se encuentren palabras de reconocimiento y alegría sobre sus bondades, pero en su corazón sienten la pena.
Y esto ocurre con frecuencia en la mayoría de las personas, pues, aunque no sean realmente envidiosos, pero no se purifican a ella absolutamente, y más aún si un colega triunfa en su ocupación, como está dicho.
El obrero odia al de su misma profesión, lo que se incrementa por supuesto si tiene éxito más que él.
Y si supiera y comprenderían que, el hombre no obtiene de lo atribuido a su compañero ni como el grosor de un caballo, y todo absolutamente proviene del Señor, de sus maravillosos designios y su paciencia inescrutable, entonces no habría motivo para entristecerse con el bien del compañero.

