En resumen, el honor incita el corazón del hombre más que todo los anhelos y deseos del mundo, y si no fuera por ello el hombre aceptaría comer lo que halla, vestir lo que cubra su cuerpo y habitar una casa que lo proteja de las inclemencias, así su sustento sería fácil y no tendría que esforzarse por las riquezas, sino que por no verse a sí mismo humillado e inferior a sus compañeros se introduce en estas dificultades y no hay límite para su esfuerzo, por lo que dijeron Nuestros Sabios, ”La envidia, el deseo y el honor sacan al hombre del mundo”, y nos previnieron, “No busques grandeza, ni anheles honores”, y cuantos son los que sufren hambre y aún viven de la misericordia para no ocuparse de un labor que no consideran digna de su reputación, existe locura superior a ello, y prefieren el ocio que conduce al aburrimiento, el adulterio, el robo, y toda clase de trasgresiones con tal de no disminuir su dignidad o humillar su reputación supuesta.
Pero Nuestro Sabio que nos indica y nos conduce por el camino verdadero nos dice, “Ama el trabajo y odia la jerarquía”, y agregaron, “desuella una res en el mercado y no digas, soy un gran hombre, soy un sacerdote”. Y continuaron diciendo, “Hará el hombre un trabajo que le sea extraño, y no necesitará de las personas”.

