Y dijeron también, el justo come para satisfacer su espíritu sobre Jezequias rey de Judá, de quien decía que comía dos manojos de hierba y una porción de carne diariamente, y el pueblo se burlaba y comentaba, esto es un rey. Y así dijeron sobre Rabenu el santo, que en el momento de expirar irguió sus diez dedos y dijo, es relevado y conocido por ti que no goce de este mundo ni aun con mi dedo meñique.
Y también dijeron, antes de que el hombre ruegue por que las palabras de la Torá penetren en su ser, deberá orar para que la comida y la bebida no formen parte de él.
Todos estos proverbios nos indican claramente la necesidad de la abstinencia y su obligación. Pero de todas formas debemos responder a todos los aforismos que nos enseña lo contrario.
Y la realidad es que existen muchas diferencias y principios en esta cuestión, hay una abstinencia que nos ha sido ordenada, y otra sobre la cual fuimos advertidos para no tropezar en las trasgresiones, como lo dijo el rey Salomón, “no seas justo en exceso”.

