Esta es la abstinencia correcta, cuando no se obtiene del mundo en todas las utilidades que se realice de él sino lo absolutamente necesario según lo que exige su naturaleza. Y es en lo que se vanaglorio Rabenu Hakadosh en la cita mencionada, que no gozo de este mundo ni con el alcance del dedo meñique, aun siendo príncipe de Israel y disponiendo de una mesa de reyes acorde a su rango, como comentaron Nuestros Sabios sobre el versículo, «Dos pueblos en tu vientre», y dijeron, refierese a Rabenu y Antonino en cuyas mesas nunca faltaron la lechuga el nabo o el rábano en verano o en invierno. Y lo mismo ocurría con Jizquia rey de Judá, y todos los aforismos citados. Todos nos confirman e indican que el hombre debe apartarse de todo lo que sea deleite mundano para no exponerse a sus peligros.

