Pero, así como la pureza del pensamiento la dividimos en dos partes, una de los actos físicos y otra del Servicio Divino, así también la observancia necesaria para adquirirla se divide en dos partes. Pues para purificar los pensamientos referidos a los actos físicos, el medio es perseverar en la meditación de la bajeza de lo mundano y sus placeres, como ya lo escribí, y para purificar los pensamientos del obrar en el Servicio Divino, incrementará el análisis de lo engañoso de los honores y sus fraudes y se acostumbrará a escapar de él, entonces se limpiará en el momento de cumplir con sus deberes, de inclinarse a el elogio y la alabanza que le prodigan los hombres y su corazón se dirigirá solo a nuestro Señor, que es nuestra alabanza y nuestro bien y nuestra perfección y nadie hay como Él, y así lo expresa el versículo: “Él es tu alabanza y tu Dios” (Deut. 10).

