Los obstáculos de esta virtud son la falta de meditación sobre las cuestiones mencionadas, o sea: la necesidad, la bajeza de los placeres, la persecución del honor, y la poca preparación para el servicio, pues los dos primeros seducen al pensamiento y la conducen a las inclinaciones como una mujer infiel que engaña a su esposo con extraños, pues así fueron denominados los pensamientos extraños, “adulterio del corazón”, como está escrito: “Y no irán tras vuestros corazones y vuestros ojos que ustedes se desvían tras ellos” (Núm. 15).
Pues el corazón en ocasiones se aparta de la visión íntegra a la que debía aferrarse, para dirigirse a las vanidades e ilusiones falsas, y la falta de preparación provoca esta necedad natural, que se desata por el materialismo no expulsado totalmente, el que descompone el servicio con su fetidez.
Y ahora explicaremos la virtud de la devoción.

