Y es lo que expreso el Tana Debei Elihau arriba citado, y anhela y sufre por la honra de Jerusalem…. Y orara continuamente por la salvación de Israel, y el regreso del honor divino a su magnitud.
Y si dirá el hombre, quien soy yo y que soy considerado, para orar por la diáspora y Jerusalem, acaso por mi oración se reunirán los dispersos y brotara la rendición la repuesta no está lejos, como lo estudiamos en el Tr. Sanhed 38, donde dijeron, por lo tanto, fue creado el hombre solo, para que cada uno diga, por mí fue creado el mundo. Y ya se considera una satisfacción para el eterno, que sus hijos imploren y recen por ello. Y aunque no se conceda su pedido pues no llego el momento apropiado o por cualquier otro motivo, ellos cumplieron con su parte y el Señor gozara con ello. Y por la emisión de todo esto, se lamentó el profeta, y vio que no hay un hombre y se asombró pues no hay quien lo encuentre. Y dijo, y observe y no hubo quien ayudase, y me asombre por no existir quien sostuviese. Y expreso, Sion es la que clama y nadie es para ella, y comentaron Nuestros Sabios, concluimos que necesita quien clame por ella.
He aquí que estamos obligados a realizarlo, y no es obstáculo nuestras limitadas fuerzas, pues sobre algo similar estudiamos, no es tu obligación terminar el trabajo, pero no eres libre para desistir de él. Y continuó diciendo el profeta, no hay quien la conduzca de entre todos los hijos que crio. Y dijo, toda la carne es hierba y su misericordia como la flor del campo, y explicaron Nuestros Sabios, todo favor que realizan, para sí lo hacen, en beneficio de su espíritu y su placer, y no se inspiran en esta elevada intención, y no persiguen el enaltecimiento del honor divino y la redención del pueblo de Israel, pues es imposible que se incremente la honra divina, sino con la rendición de Israel y el aumento de su honor, ya que dependen uno del otro, tal como lo dice el Tana Debei Elihau anteriormente mencionado, y se lamenta por la gloria del Señor y el honor de Israel. Aprendes pues, que se compone esto de dos cosas, en principio, que la intención en todo precepto o servicio deberá inspirarse en la elevación del honor divino, con lo que sus criaturas le proporcionan satisfacción. Y también, la tristeza y el clamor por dicha elevación, que se concrete íntegramente en el engrandecimiento del honor de Israel y su tranquilidad.

