Con este prólogo, aclaramos que la real existencia Divina se halla fuera de la comprensión humana; y no podemos inferir aspectos del Creador a partir de la observación en las demás criaturas, pues la naturaleza de estas y su esencia es absolutamente diferente y no existe paralelismo posible entre ellos.
Sin embargo, este concepto se encuentra entre aquellos que podemos comprender desde la tradición original, como ya lo citamos. Es asimismo verificable a partir del estudio de las leyes y principios de la naturaleza, en la que es imposible hallar una existencia divorciada de las leyes naturales y sus principios. Es también imposible una existencia sin omisiones o deficiencias, sin adiciones o complejidad en su estructura, que no relacione o compare con las cualidades de las otras creadas.
Finalmente, El es la causa definitiva de todo lo que existe y ocurre, pues de otra manera la existencia y continuidad de todo aquello que observamos se tornaría absolutamente imposible.

