3) Esto significa que la perfección adquirida por el hombre al emular la conducta Divina lo conduce al apego de Hashem. Además de ello, tal emulación de la actitud de Hashem lo llevará a un creciente apego a El, lo cual en última instancia convertirá la imitación de la conducta Divina y el apego a Hashem en una misma condición.
La razón de esto es que al ser Hashem la esencia de la verdadera perfección como ya lo citamos, cualquier perfección existente se relaciona con El como las ramas lo hacen con su raíz; y aunque no alcanzan la perfección absoluta, son consideradas una derivación y una consecuencia de aquella.
Para comprender esto, debemos asumir que la verdadera perfección es la esencia Divina. Y cualquier deficiencia no es sino la ausencia de Su bien, el encubrimiento de Su presencia. Por lo tanto, en Su cercanía y Su iluminación hallamos la fuente y origén de toda perfección existente y en el encubrimiento de Su presencia la causa de la imperfección, cuyo grado de deficiencia dependerá directamente del grado de ocultamiento de la Divinidad.
Por ello, esta criatura (el hombre), que se halla entre la perfección y la imperfección producto de la iluminación o el encubrimiento de la presencia Divina], al esforzarse por adquirir dicha perfección se aferra a El, Bendito Sea, que es la fuente y el origen de ella. Y en la medida que adquiera mayores elementos de perfección, mayor será su cercanía y su involucramiento con Hashem. Y finalmente, al alcanzar la finalidad y el objetivo último de la perfección, alcanzará asimismo el total y absoluto apego el Hashem; y dicho apego a la Divinidad le brindará el placer de Su bien y se perfeccionará en el hasta convertirse él mismo en poseedor del bien y la perfección.

