Y veras, si analizas la actualidad del mundo, que la mayoría de las personas de mente ágil, inteligentes y vivaces vuelcan su reflexión y observación en las sutilezas de la sabiduría y la profundidad de la meditación cada uno de acuerdo a la inclinación de su mente y a sus deseos naturales. Hay quienes se ocupan de las investigaciones de la Creación y de la Naturaleza, otros se dedicaran a la técnica o a la ingeniería, otros a distintos trabajos. Y unos penetraran en lo sagrado, o sea, el estudio de la sagrada Tora. Entre ellos habría quien se dedique al análisis de las leyes, o a las narraciones o el dictamen de las leyes.
Pero muy pocos pertenecen a la clase que se dedica al estudio del perfeccionamiento del servicio Divino, es decir, el amor, el temor, la comunión, y todos los demás, aspectos fundamentales para ellos, pues si les preguntaras cada uno te responderá que son principios muy grandes, y no se imaginan a un sabio, que realmente se considere como tal, que no tenga verdaderamente clarificadas estas cosas.
Pero a causa por la que no profundizan en ello, es justamente su gran publicidad y la simpleza que para ellos reviste, hasta que no ven la necesidad de dedicarles tiempo a su contemplación.

