Y es lo que nos enseñan nuestros sabios en su comentario sobre Kohelet, «Y aun el alma no se saciara», es una parábola que compara a un plebeyo que desposo a la hija de un rey. Aun ofreciéndoles todos los presentes del mundo no la satisfacera pues ella es la hija del rey, Y asi el alma, aun prestándole todas las delicias del mundo no les admitirá valor pues ella proviene de las alturas. Como dicen nuestros sabios, «A pesar tuyo eres consebido, y a pesar tuyo naces, el alma no gusta de este mundo sino que lo aborrece». Por lo tanto no hubira creado el hacedor una criatura con objetivos opuestos a la naturaleza y abominados por ella.
Pues entonces la creación del hombre es para su situación en el mundo futuro, y por ello le fue concebida esta alma, merecedora de que la sirvamos, en ella podrá el hombre recibir retribución en su debido tiempo y lugar para que no sea aborrecido por el alma este mundo sino, por el contrario, amado y estimado, y esto es muy simple.

