La recompensa eterna para el merito del hombre será la permanente cercanía de Dios, en tanto que el castigo real lo constituirá su desplazamiento del bien verdadero, y la Perdición, perecimiento.. Empero la decisión a este respecto se determinará según la mayoría de sus acciones. Sin embargo, tanto las buenas acciones del malvado como las malas del hombre recto, que constituyen una minoría, hallaran en los padecimientos o las satisfacciones de este mundo la recompensa por esa minoría de merito que posee así como el hombre recto padecerá el sufrimiento por sus transgresiones, de manera que resulte de ello un juicio equitativo y su situación llegue al mundo venidero con el equilibrio y la perfección que corresponden a este estado; o sea que los hombres rectos exclusivamente habitaran el mundo por venir, con la ausencia total de malvados entre ellos, y ellos, solos, existirán sin que nada obstaculice las satisfacción merecida. En tanto que los malvados se exterminaran sin que le reste argumento alguno que esgrimir.

