Es lo que nos indica el profeta para los tiempos futuros en los que el bien para Israel será absoluto, para lo que erradicará el Santo, Bendito Sea esta despreciable condición de nuestros corazones, y entonces no sufrirá uno por las bondades del otro, ni necesitará el que tenga éxito ocultarlo por la envidia, como está escrito: “Apartará la envidia de Efraím, y los enemigos de Judá se exterminarán. Efraím no envidiará a Judá” (Isaías 11). Esta es la paz y el sosiego de los ángeles que se regocijan cada uno con su oficio y en su lugar, sin envidiarse mutuamente en absoluto, pues todos conocen la verdad disfrutando de los bienes que poseen y alegrándose con su parte.

