Hay también inferior al anterior, y es aquel que difícilmente se enojan y su enojo no lo induce a destruir y exterminar, sino en su ira leve, y cuánto dura su ira, un momento y nada más, o sea desde su enojo nace por naturaleza, hasta que también el raciocinio aflora en su contra, y es lo que dijeron Nuestros Sabios, “Difícil de enojar y fácil de conciliar”, y esto es una gran condición, pues la naturaleza de la persona despierta en él su ira y si la vence y aún en los momentos de furia esta no será extrema sino que él la domina y aún el enojo leve no será duradero sino se calmara y pasara, es realmente digno de elogio, y dijeron Nuestros Sabios, “Pende la tierra sobre lo insignificante”, refieres a quien obstruye su boca en el momento de discordia, o sea que ya lo condujo su naturaleza a enfurecerse y el con esfuerzo cierra su boca.
Pero la virtud de Hilel el anciano supera todas ellas, pues no se molestaba por ninguna cosa ni surgían en él los ímpetus de cólera, esto es la real pureza de la ira.

