Sobre las vestimentas y adornos no advirtió la Torá sobre su apariencia o formato, sino que no haya conjunción de lana y lino y que pendan los flecos rituales y entonces son todos permitidos. Pero quién no sabe que de la vestimenta pomposa se cae en la soberbia y limita con la lujuria? aparte de la envidia el deseo y la opresión que se suceden a todo lo que le es caro a la persona por conseguirlo, y ya dijeron: “Por cuanto que ve el instinto al hombre que camina sinuosamente, acomoda su vestimenta y riza sus cabellos, dice: este es mío” (Bereshit Rabá 22).
El paseo y la conversación si no se refieren a cosas vedadas según la ley de la Torá son permitidos, pero cuanto ocio, calumnia, mentira y burla nos producen, como dice el versículo: “En la abundancia de las palabras no falta el pecado” (Proverbios 10).
En resumen pues, todas las cuestiones mundanas no entrañan sino graves peligros, entonces cómo no elogiaremos a quien quiera escapar de ellas y se aleje cuanto pueda.

