ambién deberá observar la bajeza del hombre y su inferioridad dado su materialismo y su tosquedad, más aun por los pecados cometidos, pues por todos ellos es imposible que no se atemorice su corazón y no tiemble al pronunciar sus palabras ante el señor e invocar su nombre tratando de obtener su conformidad, como lo expresa el versículo,” sirvan al Señor con temor, y regocíjense con temblor”, y está escrito,” el Señor es reverenciado en la privacidad de los santos, es magnífico y temible sobre los que lo rodean”, pues los ángeles al estar más cercanos a él que los seres de cuerpo material, les es más fácil concebir la magnificencia de su grandeza, y por lo tanto el temor sobre ellos es mayor que sobre los hombres. Y el Rey David alababa y decía,” me prosternare ante el atrio de tu santidad, en tu temor”. Y está escrito,” por causa de mi hombre se atemorizo él”. Y dice,” mi Dios me avergüenzo y abochorno de elevar, mi Señor, mi rostro hacia ti”.
Este temor, deberá un principio acrecentarse en su corazón y después demostrara su obrar en los miembros del cuerpo, y ellos son, la seriedad y la prosternación, los ojos bajos y las manos cruzadas, como un pequeño esclavo ante su Rey. Y así dijeron en el talmud, Raba cruzaba sus manos y rezaba, él decía, como un esclavo ante su amo. Hasta aquí hablamos de la sumisión y la vergüenza, ahora hablaremos del respecto.

