Pero el temor al pecado se manifiesta en todo momento y a toda hora, pues a cada minuto temerá el hombre sucumbir ante la trasgresión. Y por lo tanto se denomina temor al pecado, pues se fundamenta en temerlo, para que el pecado no se introduzca o se mezcle en sus actos, ya sea por descuido, negligencia u olvido de cualquier manera que sea. Y sobre esto está dicho: “Dichoso el hombre que teme siempre” (Prov. 28), y comentaron Nuestros Sabios, que se refiere a cuestiones de Torá. Pues aún en los momentos en que no vea el obstáculo frente a sus ojos, debe temer por si se encuentra escondido a sus pies y él no está atento, sobre este temor dijo nuestro maestro Moisés: “Para que su temor esté sobre vuestro rostro, y no pequéis” (Ex. 21). Pues esto es lo fundamental del temor, que el hombre tema y tiemble constantemente, hasta que no se aparte nunca de él este temor, pues solo de esta manera no cometerá ningún pecado, y si lo comete, como accidente le será considerado. Y asi dijo Isaías en su profecía: “Y a él miraré, al humilde y sumiso de espíritu, que tiembla de mi palabra” (Isaías 66). Y el rey David fue elogiado en esto: “Príncipes me han perseguido sin causa. Pero ante Tus palabras tembló mi corazón” (Salmos 119). Y así encontramos que los ángeles, majestuosos y exaltados, se apabullan y tiemblan ante la Majestuosidad del Señor, hasta que dijeron Nuestros Sabios en su profunda sabiduría:” ¿De dónde proviene la corriente de fuego (Nahar Dinur) ?, del sudor de las criaturas sagradas” (Tr. Jaguigá 13), y esto debido al temor que profesan constantemente, de omitir algo aun pequeño del honor y la santidad que deben al Señor.

