Y he aquí que el hombre que se santifica con la santidad del Eterno, aun sus actos físicos se convierten propiamente en hechos de Santidad. Y nos sirve como ejemplo, la ingestión de la carne de los sacrificios, lo cual por si mismo constituye un precepto, y dijeron Nuestro Sabios: “Los sacerdotes la comen y los dueños expían” (Pesaj. 59). Y notarás ahora la diferencia entre lo puro y lo sagrado.
En lo puro, sus actos físicos son realizados por requerimiento natural, y aun él mismo no concentra ninguna otra intención ya que los hace por necesidad. Y de esta manera se sustraen de la parte negativa de la materia, y permanecen puros, pero sin alcanzar todavía la categoría de la Santidad, pues si podría prescindir de ellos sería aún mejor.

