A los sabios, les servirán estas notas para confirmarles que solo la integridad es lo digno de anhelar y no existe mal más grande que la falta de integridad y el alejamiento de la misma. Pues después de que se les confirme esto y clarifiquen asimismo que los medios para alcanzarla son los buenos actos y las virtudes, con seguridad no querrán jamás disminuir estos medios o alivianarlos, pues ya quedo claro en ello que si estos medios se disminuyen o se debilitan, y no tienen la fuerza necesaria, no alcanzaran la verdadera integridad sino que se disminuirá de ellos en la medida en que menguaron esfuerzos y el encontrarse faltos de integridad seria para ellos la mayor aflicción y el peor mal. Por lo mismo elegirán la superación constante en ellos y hacer rigurosas las condiciones, sin reposar ni descansar de preocupaciones por si faltara de ellos la integridad que realmente desean. Y es lo que afirma el rey Salomón, «Dichoso el hombre que teme siempre» y explicaron nuestros sabios que se refiere a las palabras de la Torá. Y el fin de esta categoría es lo que se denomina, temor al pecado, que se considera entre los niveles más elogiados, que el hombre tema continuamente y se preocupe por si se encuentra en algún vestigio del pecado que lo prive de la integridad por la que está obligado a esforzarse, y sobre esto dijeron nuestros sabios, como parábola nos enseña, que cada uno se quema en el palio nupcial de su compañero, pues la envidia no solo consume a los ignorantes, como ya escribiré mas adelante con ayuda del cielo, sino el observarse así mismo falto la integridad que podría haber obtenido como la obtuvo su compañero. Y según este análisis, no se privara el integro en su razón de ser prudente en sus actos.

