El tercer impedimento es la sociedad, o sea la compañía de los necios y pecadores, como lo dice el versículo: “El compañero de los insensatos se perjudicará” (Proverbios 13), pues nosotros vemos repetidas veces aún después de clarificar el hombre sus deberes divinos y la prudencia de los mismo, se debilita en ellos o transgrede algunas cosas para que no se rían de él sus compañeros o para asociarse a ellos, y esto es lo que el rey Salomón nos previene: “El hombre debe tratar de relacionarse con sus semejantes”, también tu contéstale que se refiere eso a los semejantes que actúan como personas y no aquellos que actúan como animales. Y el rey Salomón nos continúa previniendo: “Vete de la presencia de un hombre necio” (Prov. 14). Y el rey David dijo: “Dichoso el hombre que no se encamina con los inicuos” (Salmos 1) y explicaron nuestros sabios lo siguiente: “Si se encamina, se parará y si se para finalmente se sentará con ellos” (Trat. Avodá Zará 18). Y dice: “No me senté con los falsos, odié la congregación de los malvados y con los inicuos no me siento” (Salmos 26).

