Pero el segundo, se presenta mucho más difícil, la frivolidad y la burla, pues quien se hunde en ellos es como si se hundiera en el océano del que es extremadamente difícil salir. Porque la burla pierde al corazón del hombre y ya ni el sentido común ni la razón gobiernan en él y es como un borracho o un tonto a los que no se les puede conducir pues no reciben nuestra dirección como lo advirtió el rey Salomón, «A la risa le apode locura y de la alegría dije para que sirve». Y Nuestros Sabios dijeron, «La frivolidad y la ligereza conducen al hombre al adulterio», pues aún siendo el incesto algo grave para todo ser racional y su corazón teme de acercarse a él por lo que ya representa en su mente como tremendo pecado y enorme castigo, sin embargo la frivolidad y la ligereza lo van disimulando lentamente y lo acercan a él en forma progresiva hasta que el temor se quita de él paso a paso, grado a grado y llega el pecado mismo y lo comete.
Y todo esto porque pues del mismo modo en que la realidad de la advertencia depende de la atención sobre la finalidad, asi toda la función de la burla no es sino alejar la atención de los pensamientos rectos y las reflexiones, y de esta manera no llegara a su corazón.

