Y de la misma manera el amor, si no nos ocupamos de fijarlo en nuestros corazones con la fuerza de todos los medios que conducen a ello.
Como lo encontraremos en nosotros, de donde provendrá la comunión y el entusiasmo de nuestra alma al señor y su Tora si no es que nos apoyamos en su grandeza y su majestuosidad que engendraran en nuestro corazón esta unión, o bien, como se purificaran nuestros pensamientos si no tratamos de purificarlos de los defectos que instila en ellos la naturaleza física. Y así también las demás cualidades que exigen corrección y conducta, quien las corregiría y las perfeccionara si no ponemos nuestra atención sobre ellos y no somos cuidadosos sin una gran precisión.

