Y aunque por medio de las buenas acciones que el hombre realiza también el alma adquiere excelencia y perfección, esto no puede ser expresado. Ella no puede reflejar el brillo digno de la excelencia alcanzada; este permanecerá oculto en su esencia hasta que llegue el momento de su revelación.
Esta restricción no es atribuible en absoluto al alma misma, sino al cuerpo el cual se perjudica a si mismo no pudiendo recibir durante este periodo físico la pureza que pudiese recibir.
Sin embargo también el alma sufre un perjuicio, pues ella se halla aprisionada y no puede irradiar su luz. Mas aún, no puede llevar a cabo la purificación del cuerpo que es a lo que fue destinada. Si pudiese materializar esa purificación alcanzaría una perfección altísima con dicho acto. Pues ello significaría beneficiar y brindar perfección a los demás. Mas aún, dicha acción es la apropiada de acuerdo a la esencia y naturaleza del alma pues para ello fue creada, y las criaturas alcanzan la perfección cuando actúan según se lo ha encomendado el Creador y carecen de perfección en tanto se comportan de una forma diferente.

