7] La conducta humana puede ser dividida en dos categorías: Primero, aquello que lleva a cabo pues le fue encomendado. Segundo, lo que hace debido a sus necesidades.
O sea, la primera categoría incluye la totalidad de los preceptos divinos, en tanto que la segunda, todo aquello que la persona realiza para satisfacer sus necesidades personales.
El propósito de los preceptos, como ya lo discutimos, es realizar lo encomendado por Dios y cumplir con su voluntad. Al hacer esto, satisface la voluntad divina en dos formas interrelacionadas. Quiere decir, en principio cumple con la voluntad de Dios al hacer aquello que Le encomendara. Segundo, con dicha actitud adquiere cierto grado de perfección derivado directamente de ese precepto. Así se cumple la voluntad de Dios que desea que el hombre se perfeccione y alcance la satisfacción en Dios, Bendito Sea.
Para ello, el uso que el hombre hace del mundo debe circunscribirse a lo que la voluntad de Dios dispone, o sea debe evitar todo aquello prohibido por Dios. Solo debe motivarlo aquello que ayuda al cuidado de su cuerpo y a preservar su salud y no la mera satisfacción de sus necesidades físicas y sus deseos mundanos. Todo esto servirá de preparación para el cuerpo a fin de que el alma pueda utilizarlo para el servicio de Dios y no se constituya en un obstáculo al no estar preparado y débil.
Cuando la persona utilice el mundo de esta manera, ello mismo se convertirá en un acto de perfección y lo ayudara a adquirir la verdadera perfección así como se lo posibilitan los preceptos divinos; pues también esto es un precepto para nosotros, cuidar nuestro cuerpo adecuadamente para así poder servir a Dios.
Y al servirnos del mundo con esta intención y para este fin, en función de nuestras necesidades, nosotros mismos nos elevaremos y nuestro propio medio se elevara al posibilitar al hombre servir a Dios.

