7] Y así como los profetas percibían la visión que les presentaba la Gloria Divina, como lo explicamos más arriba, también comprendían los misterios y secretos de la existencia de aquello que la Gloria Divina les transmitía; y comprendían los orígenes del concepto y sus implicancias, así como la comprensión real de los misterios de la Divinidad, por medio de dicha imagen.
Pero también comprendían la verdad absoluta de que Dios, Bendito Sea, no posee imagen alguna, por lo que todas las imágenes que percibían eran solo una transmisión de Dios al profeta, según motivos que El conoce.
Sobre esto lo fue dicho a Israel: «Y no verán imagen sino solamente una voz» (Deuter. 4); y está dicho: «Pues no verán ninguna imagen» (Ib. 4,15).
El pueblo hebreo comprendió dos verdades de suma importancia en ese momento. La primera, entendieron que la esencia Divina no puede ser representada por ninguna imagen y se halla exenta de toda visualización posible. Posteriormente percibieron las visiones proféticas que se revelaron ante ellos, sobre las que la Tora dice: «Y vieron al Dios de Israel” (Éxodo 24,10). Por ello denominaron Nuestros Sabios a esta visión como «La visualización de la palabra» (Sifre Números 12,8), pues no visualizaron la Gloria Divina en realidad, sino una imagen originada en la palabra Divina. Este «poder de la palabra» es sumamente similar a la visión refractada de la Ispaklaria, de la que hablamos más arriba y por medio de la cual percibían sus experiencias proféticas y conceptos específicos sobre la Divinidad, la creación y la dirección del universo, como ya lo aclaramos.

