Cuando el judío fortifica este concepto diariamente, reconociendo la autoridad Divina y aceptándola íntimamente y con la palabra, se manifiesta la presencia de Dios en el mundo y las fuerzas del mal son sometidas por el bien, produciéndose bendición en el mundo.
Y cuando el judío testimonia sobre la Unicidad Divina en la forma que citamos más arriba, recíprocamente Dios le responde en forma similar; y exalta Su unicidad fortificándola, trayendo rectificación al mundo.
Esta es la rectificación verdadera hacia la que se dirigen todos los sucesos con que la Providencia Divina maneja este mundo.
Y de esta manera se concreta el proyecto de Dios para la creación, que es llevar a la misma a un estado perfecto del bien. Lo que es necesario comprender aquí, es que la rectificación y perfección del mundo pueden ser producidas solo por el hombre y no se generan en forma espontánea.
Pues, aunque la evolución del mundo ya se halla planificada de tal forma que se dirige hacia la perfección, como resultado de la bondad y merced de Dios para el mundo, Su Divina Inteligencia decidió que dicho proceso se materialice por medio del hombre; y la perfección se logre en toda su dimensión cuando las criaturas mismas alcancen la perfección, como ya lo discutimos. Por lo tanto, la esencia de todo esto es que el proyecto y la planificación Divina de la perfección en el mundo, se materializara y expresara por medio del hombre, al alcanzar este la perfección apropiada.

