9] Posteriormente, acepta sobre si el yugo de los preceptos Divinos en la lectura del segundo parágrafo de la Shema, «Y será cuando oigas…» (Vehayia im shamo’a, ver Deuter. 11,13-21).
Y tras él, en el tercer parágrafo, recuerda la salida de Egipto dentro de la porción que nos encomienda sobre el precepto de los flecos (Tzitzit).
La razón por la que se reitera diariamente la salida de Egipto, es que la misma constituyo la primera gran rectificación del pueblo de Israel cuya influencia permanece por la eternidad.
Esto es debido a que, tras el pecado original de Adam, el primer hombre, la humanidad se vio sumida en la degradación, como lo citamos en la sección 1.
El mal se expandió en el hombre sin permitir que el bien pueda expresarse. Y aunque fue electo Abraham, el patriarca, para que junto a su descendencia y entre todas las naciones se dediquen a Dios, ellos todavía no tuvieron la oportunidad para prepararse y reforzarse en calidad de pueblo y así ameritar el encoronamiento digno de ellos, debido a la polución original y el mal generado del cual no se habían librado. Por ello fue necesario que sufran el exilio egipcio y sean sometidos allí; y dicho sometimiento los purifique de la misma manera en que se acrisola el oro.
Y al llegar el momento apropiado, reforzó Dios, Bendito Sea, su influencia e iluminación sobre el pueblo de Israel, el mal fue repelido y eliminado de ante ellos, y los elevo por sobre la degradación en la que se hallaban rescatándolos del mal eternamente. Y a partir de ese momento se convirtieron en un pueblo perfecto, apegado a Dios y ennoblecido en El. Esa permanente rectificación a la que hicimos referencia y todo el bien que llego y sigue llegando al pueblo de Israel, dependen de Dios. Por ello, fuimos encomendados de recordar -el Éxodo de Egipto- permanentemente y pronunciarlo -diariamente- para así fortalecer la rectificación que genero dicho suceso y conservar el beneficio de esa rectificación.

