Para la existencia real del mal y del bien originados en las actitudes del hombre, determinó la Inteligencia Divina que las leyes naturales que rigen el mundo le permitan al mal expandirse, así como prevenirlo.
Para que esto sea posible, la Inteligencia Divina decreto que una parte del ciclo diario sea propicio para la expansión del mal, creando de esta manera el campo propicio para lo que pueda generar la conducta humana.
Asimismo, determinó que en la restante porción del día se neutralice la autoridad del mal, propiciando el estado que las mismas acciones del hombre crearan.
Dios, Bendito Sea, creo dos entidades sumamente poderosas, la luz -espiritual- y la obscuridad, las cuales son resultado de Su Iluminación o la ausencia de la misma respectivamente, como lo aclaramos en la sec. 1. Y dividió la capacidad de acción de estos dos poderes en el ciclo diario, el día y la noche, en los cuales las fuerzas del mal expresan su poder o son expulsadas, siendo todo esto una preparación para asimilar el producto del accionar humano, como ya lo citamos.

