Y así como éste análisis conduce a la adquisición de la abstinencia, así también la ignorancia lo pierde, como el frecuentar la nobleza u hombres distinguidos que sólo persiguen los honores y aumentan las vanidades, pues al ver ese esplendor y esa grandeza es imposible que no se despierte su deseo a anhelarlas, y aunque no permita a su instinto que lo venza, no escapará a la inmensa batalla, por lo que está arriesgando. Y al respecto dijo Salomón: «Es preferible ir a la casa de un deudo que concurrir a un banquete» (Kohelet 7).
Y lo más efectivo es la soledad, pues así como aparta sus ojos de las cuestiones mundanas, así también retira el deseo de su corazón. Y ya menciono el rey David el elogio de la soledad diciendo, «Quien me daría alas como una paloma… y me alejaría permaneciendo en el desierto eternamente» (Salmos 55).

