Y en realidad este es el examen por el cual se diferencian y determinan los mismos servidores del Señor en sus distintos niveles, pues quien sepa purificar en mayor medida su corazón, él se acercará más y será más amado por el Señor.
Y ellos son los primeros que estuvieron sobre la tierra, los que vencieron y superaron a su espíritu, los patriarcas y demás pastores que purificaron su corazón ante Él. Es lo que David advirtió a Salomón su hijo: “Pues los corazones exige el Señor, y las imaginaciones del pensamiento entiende” (Crónicas 1), y así dijeron Nuestros Sabios: “El señor el corazón desea”, pues no es suficiente ante él que los hechos sean obras de preceptos, sino lo que fundamentalmente desea es, que el corazón esté limpio hacia el verdadero servicio.
El corazón es el rey de todos los órganos y su conductor, y si él no se conduce a sí mismo al servicio real, aun los demás órganos no servirán en absoluto, pues hacia donde se dirija el espíritu de su corazón se dirigirán ellos, y así lo dice explícitamente el versículo, “Entrégame, hijo mío, tu corazón” (Prov. 23).

