El precepto a través del cual Dios encomendó al pueblo de Israel a reproducirse se aprende de lo que está escrito en la Tora: “Y los bendijo Dios, y les dijo fructifíquense y auméntense”.
El fundamento de este precepto es que el mundo este habitado, porque Dios, Bendito Sea, quiere esto, como está escrito en la Tora: “No para estar deshabitado lo creo sino para ser habitado”. Es mucha la importancia de esta mitzva ya que por medio de su cumplimiento se posibilita el cumplimiento de la Tora y las mitzvot, que fueron entregadas a las personas y no a los ángeles servidores de Dios.
La obligación de cumplir esta mitzva es en todo lugar y momento. Las mujeres no están obligadas en ella.
Debe esforzarse la persona por cumplirla desde el momento en que está capacitada de hacerlo. Quien no logra cumplirla, por no haberse esforzada lo suficiente, anula un precepto positivo y su castigo será muy severo porque demuestra con su comportamiento que no quiere que la voluntad del Creador de que el mundo sea habitado, sea concretada.

