Y he aquí que el deleite de la comida es el más sensible y notorio, y acaso hay algo mas transitorio y perecedero, su medida no es sino la de la garganta y al bajar de ella y penetrar en los intestinos se pierde su recuerdo y se olvida como si no hubiera existido, y de la misma manera se sentirá satisfecho al comer cisnes rellenos o pan común si come lo suficiente, y más aún si pone atención en las grandes enfermedades que se pueden contraer por causa de la comida, o, por lo menos la pesadez que le produce la misma y los gases que embotan su mente. Y el hombre con seguridad todo esto no lo deseará, ya que su beneficio no es un bien y su perjuicio es un verdadero mal, y los restantes placeres mundanos de la misma manera si los analizá verá que aún el beneficio aparente de ellos no es sino transitorio, y el mal que pueden producir es duro y permanente no siendo no digno que ningún ser racional se arriesgue en el peligro de estos males por la ganancia de un placer transitorio. Y esto es simple.
Pero cuando se acostumbre y perseveren el análisis de esta verdad, de a poco saldrá libre de la prisión de la necedad en que la materia lo encierra y no se seducirá en la persuasión que ejercen las falsas satisfacciones, sino que las desechará y aprenderá a tomar del mundo lo absolutamente necesario, como lo escribimos.

