Sobre el respeto de los preceptos y su importancia ya nos admitieron Nuestros Sabios, y dijeron, “este es mi Dios y lo ensalzare, embellécete ante él con sus preceptos las franjas bonitas, las filacterias, la Torá, el lulab, etc.”.
Y así dijeron,” el embellecimiento de un precepto, hasta un tercio, esto le pertenece de ahí en más es del Señor Bendito Sea”.
Observas que nuestros sabios sostienen claramente, que no es suficiente realizar un precepto, sino que deberá dignificarlo y embellecerlo.
Refutando a los que para alivianarse dirán el, honor corresponde a los seres humanos que se seducen con estas trivialidades, pero el Eterno no lo estima ya que él se encuentra por encima de estas cosas y alejado de ellas, y por cuanto que el precepto se cumple realmente, ya es suficiente.
Pero la verdad es que el Señor, Bendito Sea, es denominado Dios de la gloria, y debemos honrarlo, aunque no necesita de nuestro respeto, y este no es importante ni oculto para él. Y quien disminuye en este cuando podría haberlo aumentado, es considerado un pecador.
Y es lo que el profeta Malaquías se queja sobre Israel con las palabras del señor, y cuando ofrezcas un animal ciego en sacrificio, no es malo, preséntalo por favor ante tu gobernador, te lo aceptara o les serás gato, y nuestros sabios nos advirtieron, sobre la cuestión de las aguas que permanecieron descubiertas, de no filtrarlas pues, aunque serian aptas para el uso secular dejarían de serlo para el servicio divino ya que no es una actitud honorable. Y comentaron también sobre el versículo, y lo elegido de vuestros votos, o sea que no traerá sino de lo elegido, como encontramos en Caín y Abel, este ofrendo de los primogénitos de sus reses y sus gorduras, y Caín de los sobrantes de los frutos de la tierra, y que ocurrió con ellos, dice el versículo, atendió el eterno a Abel y a su ofrecimiento y a Caín y su ofrenda no acepto. Y dice, maldito el fraudulento que teniendo en su rebaño un animal, y haciendo un voto ofrece al señor cosa dañada, porque, Rey grande soy.

