Al regresar el alma al cuerpo tras la resurrección, no estará restringida ni obstaculizada sino que penetrará en él con todo su esplendor y todo su poder e inmediatamente lo purificará extraordinariamente; y ya no requerirá un crecimiento paulatino como el que necesitan los niños hoy sino que inmediatamente lo iluminará y lo purificará en toda su plenitud.
Sin embargo, esto no impedirá que el cuerpo y el alma experimenten en conjunto sucesivas elevaciones. Solo que al ingresar el alma al cuerpo, el hombre se convertirá en un ser elevado y excelso y su cuerpo recibirá inmediatamente una purificación inicial con la cual trascenderá las imperfecciones de su primera vida. El grado de esta purificación depende de las buenas acciones que haya realizado y lo colocara en el nivel que le corresponda ocupar, entre aquellos que se extasían en la perfección. Posteriormente, ambos experimentaran sucesivas elevaciones según lo que corresponda a alguien que haya alcanzado dicho nivel.

