En cambio, el santo, es aquel que está unido constantemente a su Dios, y su alma transita las sendas de la verdad, entre el amor y el temor al Eterno, se le considera como si atravesaría Las tierras de la Vida (en el Mundo por venir), estando aun en este mundo.
Y un hombre como éste, el mismo es considerado como el Tabernáculo, el Santuario o el Altar, así como lo expresaron Nuestros Sabios:” Y se elevó de sobre él Dios” (Gen. 35), “Los patriarcas son la misma carroza Divina” (Bersh. Raba 82)
Y asi dijeron: “Los justos conforman ellos mismos la carroza Divina, pues la Divina Presencia mora sobre ellos como lo hacía en el Santuario”. Por lo tanto, la comida que ellos ingieren, es como un holocausto que se ofrece sobre el fuego pues con seguridad todo lo que se ofrecía en el Altar ante la Presencia Divina, revestía una gran importancia, y tal era su magnitud, que sus especies (del Altar) se bendecían en todo el mundo, como lo afirmaron Nuestros Sabios, en el Midrash. Asimismo, todo alimento o bebida que ingiere el hombre Santo, es una elevación para ese alimento, como si sería ofrecido propiamente en el Altar.

