Martes 

ד' תשרי התשפ"ז

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ד' תשרי התשפ"ז

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Capítulo 10, » La limpieza» (tercera parte) /82

Y ahora podrás ver la diferencia entre el prudente y el limpio a pesar de que se asemejan en su tema. El cauto es aquel que se cuida en su obra para no trasgredir lo que ya le es conocido como pecado, pero aun no es totalmente dueño de sí mismo como para desviar su corazón de las pasiones naturales sin que lo incline a demostrar concesiones en determinadas cosas que su mal no es notorio.

Y aunque trate de dominar su instinto y controlar sus pasiones no por ello cambiará su naturaleza, y no quitará de su corazón los deseos físicos, sino que los subordinará y se conducirá tras la sabiduría y no tras ellos, pero de todas formas el deseo material hará lo suyo incitándolo y seduciéndolo.

Sin embargo, al habituarse a esa cautela hasta limpiar en forma absoluta su mente de los pecados mas públicos, y acostumbrarse a sí mismo al servicio en forma ágil y crezca en el amor hacia su creador y anhelo a él, la fuerza de su habito lo alejara de toda cuestión material y apegará su mente a la integridad espiritual hasta que finalmente logrará llegar a la limpieza total, pues apagará el fuego de las pasiones físicas de su corazón al desarrollarse en él, el amor divino, y entonces quedará su vista clara y diáfana, como lo mencionamos anteriormente, y no se seducirá ni lo alcanzara el afán materialista, y limpiara sus obras totalmente.

 

R. Moshe Jaim Luzzatto Z"L TRADUCIDO AL CASTELLANO POR EL RABBI ISAAC FADDA.

"El sendero de los rectos es apartarse del mal; el que guarda su alma preserva su camino." (Mishle 16:17)

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