Y no sólo esto, sino, aunque cumpliera un precepto en momentos de su trabajo no se considerará meritorio sino pecado pues una trasgresión no es precepto, como lo dice el versículo: “Aborrezco el robo en el sacrificio” (Isaías 6), y semejante a esto dijeron nuestros sabios: “Quien robe una medida de trigo, la muele, la hornea, y la bendice, se le considerará blasfemia” (Trat. Babá Kamá 94a), pues está dicho: “Y el despojador que bendiga, blasfema al Señor” (Salmos 10). Y sobre ello está dicho: “Ay de quien su defensor se convierte en acusador” . Como lo enseñan los Tanaítas sobre la Palma robada (Sucá-Jerusalém 3-1).
Y la lógica lo apunta, pues tomar un objeto es hurto, y hurtar el tiempo es robo, y así como al hurtar un objeto para cumplir un precepto su defensor se convierte en acusador, lo mismo ocurre al hurtar el tiempo aun para cumplir un precepto. Y el Santo, Bendito Sea, desea sólo la honestidad, pues esta dicho: “Guarda a los fieles el Señor” (Salmos 31) y dice: “Abrid los portones que venga el pueblo recto, que guarda su fidelidad” (Isaías 26). Y también: “Mis ojos hacia los fieles de la tierra que habitarán conmigo” (Salmos 108). Y dice: “Tus ojos hacia la fidelidad” (Jeremías 5). Y aun Job testimonió sobre sí mismo, diciendo: “Si mi paso se ha desviado del camino, y en pos de mis ojos se ha andado mi corazón, o si a mis manos se ha pegado mancha alguna” (31). Observa con atención este ejemplo, en el que comparó el robo intrascendente, como algo que se adhiere a la mano de la persona, pues aunque no lo haya tomado la persona directamente sino que se apegó a su mano, al final de cuentas se encuentra en sus manos, y asimismo, a pesar de que el hombre no robe abiertamente, difícilmente sus manos se encontraran limpias en forma absoluta.
Pero en realidad, todo esto ocurre pues en lugar de que el corazón controle a sus ojos para no permitir que le agrade lo que pertenece a otros, los ojos conducen al corazón a buscar concesiones sobre lo que le aparezca como bonito y agradable, por lo tanto dijo Job que él no hizo así, y no fue su corazón en pos de sus ojos, en consecuencia no se apegó a sus manos mancha alguna.

