Y en ocasiones aun sin la intención de que lo alaben la satisfacción que le produce la alabanza lo conduce a detallar más en sus acciones, como lo sucedido con la hija de Rabí Janina ben Teradion “Daba hermosos pasos y al reparar que la gente la elogiaba por ello, esmero aún más” (Tr. Avodá Zará 18), este esmero nació de la fuerza de los elogios, y a pesar que esta acción impura es insignificante, de todas formas el asociar al hecho algo así no se le puede considerar totalmente puro, pues así como no se puede ofrecer en el altar inferior sino la harina totalmente limpia de toda impureza tamizada tres veces, de la misma manera no podemos ofrendar en el altar Divino sino un servicio íntegro y destacado, lo mejor de nuestros hechos limpios de toda impureza.

