Capítulo 16
La pureza
La pureza consiste en el perfeccionamiento del corazón y de los pensamientos. Y así encontramos que lo expresa David en el versículo, “Un corazón puro crea en mí, Señor” (Salmos 51).
Esto significa que el hombre no debe dar lugar a que el instinto intervenga en su conducta, sino que debe realizar sus actos con inteligencia y temor, y no con pecado y tentación. Esto comprende aun los actos físicos y materiales, dado que, aun conduciéndose con abstinencia – o sea no tomando de este mundo sino lo necesario – deberá purificar su corazón y sus pensamientos, para que aun ese poco que tome no lo haga con satisfacción y placer, sino que su intención se dirija a los beneficios resultantes en cuanto a la sabiduría y servicio Divino, como comentaron Nuestros Sabios sobre Rabí Eliezer, que cumplía con sus deberes conyugales con sumo recato y se le asemejaba como si un espíritu lo presionara sin obtener satisfacción alguna, llevándolo a cabo sólo como precepto y servicio Divino.
Y de esta forma lo expreso Salomón, “En todos tus caminos conócelo y él allanará tus senderos” (Proverbios 3).

