Y es lo que expresó el Taná Debei Elihau arriba citado: y anhela y sufre por la honra de Jerusalén…. Y orará continuamente por la salvación de Israel, y el regreso del honor Divino a su Magnitud.
Y si dirá el hombre: ¿Quién soy yo y que soy considerado, para orar por la diáspora y Jerusalén, acaso por mi oración se reunirán los dispersos y brotará la rendición? la repuesta no está lejos, como lo estudiamos en el Tr. Sanhed 38, donde dijeron: “Por lo tanto, fue creado el hombre solo, para que cada uno diga, por mí fue creado el mundo”. Y ya se considerará una satisfacción para el Eterno, que sus hijos imploren y recen por ello. Y aunque no se conceda su pedido pues no llego el momento apropiado o por cualquier otro motivo, ellos cumplieron con su parte y el Señor gozará con ello. Y por la emisión de todo esto, se lamentó el profeta: “Y vio que no hay un hombre y se asombró pues no hay quien lo encuentre” (Isaías 59). Y dijo: “Y observé y no hubo quien ayudase, y me asombré por no existir quien sostuviese” (Id. 63). Y expresó: “Sión es la que clama y nadie es para ella” (Jeremías 30), y comentaron Nuestros Sabios: “Concluimos que necesita quien clame por ella” (Tr. Sucá 41).
He aquí que estamos obligados a realizarlo, y no es obstáculo nuestras limitadas fuerzas, pues sobre algo similar estudiamos: “No es tu obligación terminar el trabajo, pero no eres libre para desistir de él” (Tr. Princ. 3). Y continuó diciendo el profeta: “No hay quien la conduzca de entre todos los hijos que engredó, ni quien aferre su mano de entre los hijos que crio” (Isaías 51). Y dijo: “Toda la carne es hierba y su misericordia como la flor del campo” (Id. 40), y explicaron Nuestros Sabios, todo favor que realizan, para sí lo hacen, en beneficio de su espíritu y su placer, y no se inspiran en esta elevada intención, y no persiguen el enaltecimiento del honor Divino y la redención del pueblo de Israel, pues es imposible que se incremente la honra Divina, sino con la rendición de Israel y el aumento de su honor, ya que dependen uno del otro, tal como lo dice el Tana Debei Elihau anteriormente mencionado: “Y se lamenta por la gloria del Señor y el honor de Israel”. Aprendes pues, que se compone esto de dos cosas: en principio, que la intención en todo precepto o servicio deberá inspirarse en la elevación del honor Divino, con lo que sus criaturas le proporcionan satisfacción. Y también, la tristeza y el clamor por dicha elevación, que se concrete íntegramente en el engrandecimiento del honor de Israel y su tranquilidad.

