Explicaremos ahora los elementos del amor, siendo ellos los tres arriba mencionados: la devoción, la alegría, y el celo.
La devoción, significa que el corazón del hombre debe apegarse de tal manera a su Creador, hasta que se apartará de cualquier otra cosa que no sea Él. Y es la parábola que encontramos en las palabras de Salomón: “Como la amable cierva y la graciosa gacela, sus senos te embriagarán en todo momento, con su cariño siempre te recrearás” (Prov. 5). Y en el talmud dijeron Nuestros Sabios: “dijeron sobre Rabí Elazar ben Pedat, que estaba sentado y estudiando Torá en el mercado inferior de Tzipori, y su capa se extendía en el mercado superior de Tzipori” (Tr. Eruv. 54).
La finalidad de esta virtud es que el hombre se apegue a su Creador. Pero por lo menos en los momentos del servicio, si ama él a su Creador, con seguridad sentirá apego. En el Talmud Jerusalmita dijeron: “Rabí Janina estaba parado orando, vino un escorpión y lo mordió, y siguió orando, le preguntaron sus discípulos, Maestro, ¿no lo sentiste?, a lo que le dijo, puedo jurarlo, por estar absorbido en mi oración no lo sentí” (Tr. Beraj. Ier. 85).

