Y así está dicho: “A tu nombre y tu recuerdo anhela mi alma” (Isaías 26). Y dice: “Mi alma te desea en las noches, y mi espíritu dentro mío amanece en Ti”. Y el mismo Rey David dijo: “Pues te recuerdo sobre mi lecho y al amanecer medito en Ti” (Salmos 63). Describe el placer y el éxtasis que alcanzaba al hablar de él y de sus alabanzas. Y dice: “Me deleitaré en tus preceptos pues los amé” (Id. 119). También: “Tus testimonios son mi deleite” (Id.).
Pero algo es cierto, que este amor no debe depender de causa alguna, o sea, que amará a su Creador, por sus beneficios, lo que lo enriquece, y el éxito que le proporciona, sino como ama un hijo a su padre, que es un amor natural, pues su naturaleza lo induce y lo obliga a ello, como lo expresa la escritura: “¿no es Él tu padre y tu amo?” (Deut. 32). Y se evidencia este amor en los momentos de adversidad y estrechez, y así dijeron Nuestros Sabios: “Y amarás al Eterno tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma” aun y si te quitan tu alma, “con todos tus bienes”, aunque te tomen tus bienes.

