El tercer elemento es el celo, el hombre debe celar su nombre sagrado, odiar a quien lo odie y tratar de convencerlo en lo posible para realizar el servicio a Dios y glorificar su nombre. Y ello lo expresa David de bendita memoria: “He aquí que, a tus enemigos Señor, odiaré y aquellos que te enfrenten, atacaré, odio definitivo los odié” (Salmos 139). Y el profeta Elías dijo: “Celar cele por Dios…” y ya vimos lo que ameritaron, resultado de su celo por Dios. Como dice el versículo: “Por haber celado a dios, se redimió el pueblo Israel” (Números 25, 13). Asimismo, nuestros sabios se expresaron refiriéndose a quien puede reprender y no lo hace. Y hasta determinaron que se incluye en el pecado como el mismo pecador (Shabat 54). En el Midrash Eija dijeron: “Serán sus ministros como venados” (Eijá Rabá 1-34). Así como los venados en el momento de ventarrón esconden sus fauces unos tras otros. De la misma forma los ministros de Israel verán los pecados y se esconderán de él. Le dice a ellos Dios: “Ya llegará el momento y yo actuare así”. Y esto es evidente, ya que quien aprecia a su compañero no puede soportar que lo agredan u ofendan en su presencia, seguramente acudirá en su ayuda. Así, quien ama a su Nombre Bendito no podrá soportar ver como se lo profana y se trasgreden sus preceptos, y esto es lo que dijo Salomón: “Los desertores de la Tora lavan al necio y los que la observan a ella los enfrentarán” (proverbios 28). Pues quienes elogian al malvado en su maldad y no lo reprenden abiertamente por su falta, ellos mismos abandonan la Tora y permiten que se lo profane. Que no ocurra!. Pero quienes la observan y se esfuerzan en sostenerla, definitivamente les reclamarán y no podrán entregar y callar.

