He aquí la cuestión de la prudencia a saber. Debe el hombre ser cuidadoso en sus actos y asuntos o sea observar y controlar su conducta y caminos, si son buenos o no, para no abandonar su alma al peligro de la perdición, Dios salve y guarde, y no transite la senda de su rutina como un ciego en oscuridad, y esto el raciocinio lo obligara con seguridad, pues el tener el hombre entendimiento y razón para salvarse a sí mismo y a salvar su alma de la perdición cómo es posible que quiera abstraerse de su propia absolución, no tienes más humillante e ilógico que es esto.
El que así procede su bajeza supera a la de los animales y fieras que por naturaleza cuidan de sí mismo y huyen de todo aquello que les apareciese como dañino.

